
La casa del sur
Conozco desde comienzo de los noventa, en la Facultad de Arte de la UPLA a Braulio Delgado (Bradel le decían los más cercanos; compañeros de la Escuela de Bellas Artes de Viña), por lo tanto, conozco su pintura desde entonces. Recuerdo particularmente la serie de Los Miradores y la generosidad con que aplicaba la base acrílica y pigmentos dispuestos con peso y color. Poco pincel y más espátula. En este período comienza a aparecer lentamente en su pintura un elemento iconográfico que creo necesario destacar porque permite establecer un hilo conductor con la producción de hoy: la caja.
La caja, un cubo abierto en su lado superior y otras veces cerrado completamente, es de alguna manera el inicio de lo que Braulio identifica como el concepto principal en su reflexión pictórica actual: la casa (casa del sur para esta muestra, uniéndola con la exposición que realizó en Italia el año pasado con el mismo título). La casa para Braulio Delgado significa la unidad de la práctica pictórica con su práctica de vida. Braulio elije a sus 45 años definitivamente esta casa.
También es la casa institucional que alberga la carga tercermundista de la historia del arte chileno, denotando y/o criticando las imperfecciones de la formación artística, o de las imposibilidades de acceso cotidiano y democrático respecto de la circulación de arte. Por ejemplo, la casa inestable y efímera es la carpa que aparece como reclamo provinciano y orillero ante esta casa institucional del poder, sancionadora según sus mandamientos bursátiles.
Pero la casa del mismo modo, contiene lo que la pintura también es; placer (que pintor no siente placer con los olores trementinados o con la suavidad oleosa de la pasta).
Junto a la casa; el árbol de la pintura lo instala como cita del género de paisaje de la historia chilena, con su rigurosa preciosidad de tratamiento que el pintor me reconoce. A Braulio Delgado esta relación le resulta agradable tanto como la taza caliente de café en grano en la mañana helada en su taller de Cachagua (que curiosamente está al lado de un árbol). Aprovecha de citar también en su trabajo a los “maestros” de la pintura chilena: Pedro Lira, Valenzuela Llanos, Juan Francisco González, Pedro Luna, bajo esta misma práctica de reconocimiento.
Entonces, tres elementos en esta exposición; la casa, el árbol y la cita en lo que parece ser una depuración de elementos, no sé si hacia un minimalismo, tal vez eso sea (porque, fuera de entrevista, me comenta con tono de experimentación que quiere borrar el fondo del soporte y dejar que la casa corra sola).
Jaime Garnham
Pintor y amigo
Septiembre de 2007
Conozco desde comienzo de los noventa, en la Facultad de Arte de la UPLA a Braulio Delgado (Bradel le decían los más cercanos; compañeros de la Escuela de Bellas Artes de Viña), por lo tanto, conozco su pintura desde entonces. Recuerdo particularmente la serie de Los Miradores y la generosidad con que aplicaba la base acrílica y pigmentos dispuestos con peso y color. Poco pincel y más espátula. En este período comienza a aparecer lentamente en su pintura un elemento iconográfico que creo necesario destacar porque permite establecer un hilo conductor con la producción de hoy: la caja.
La caja, un cubo abierto en su lado superior y otras veces cerrado completamente, es de alguna manera el inicio de lo que Braulio identifica como el concepto principal en su reflexión pictórica actual: la casa (casa del sur para esta muestra, uniéndola con la exposición que realizó en Italia el año pasado con el mismo título). La casa para Braulio Delgado significa la unidad de la práctica pictórica con su práctica de vida. Braulio elije a sus 45 años definitivamente esta casa.
También es la casa institucional que alberga la carga tercermundista de la historia del arte chileno, denotando y/o criticando las imperfecciones de la formación artística, o de las imposibilidades de acceso cotidiano y democrático respecto de la circulación de arte. Por ejemplo, la casa inestable y efímera es la carpa que aparece como reclamo provinciano y orillero ante esta casa institucional del poder, sancionadora según sus mandamientos bursátiles.
Pero la casa del mismo modo, contiene lo que la pintura también es; placer (que pintor no siente placer con los olores trementinados o con la suavidad oleosa de la pasta).
Junto a la casa; el árbol de la pintura lo instala como cita del género de paisaje de la historia chilena, con su rigurosa preciosidad de tratamiento que el pintor me reconoce. A Braulio Delgado esta relación le resulta agradable tanto como la taza caliente de café en grano en la mañana helada en su taller de Cachagua (que curiosamente está al lado de un árbol). Aprovecha de citar también en su trabajo a los “maestros” de la pintura chilena: Pedro Lira, Valenzuela Llanos, Juan Francisco González, Pedro Luna, bajo esta misma práctica de reconocimiento.
Entonces, tres elementos en esta exposición; la casa, el árbol y la cita en lo que parece ser una depuración de elementos, no sé si hacia un minimalismo, tal vez eso sea (porque, fuera de entrevista, me comenta con tono de experimentación que quiere borrar el fondo del soporte y dejar que la casa corra sola).
Jaime Garnham
Pintor y amigo
Septiembre de 2007
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