miércoles, 26 de noviembre de 2008

MONUMENTO A LOS DETENIDOS DESAPARECIDOS Y EJECUTADOS POLITICOS

El bandejón central de la Avenida Brasil en Valparaíso concentra la mayoría del patrimonio escultórico clásico de la ciudad. Es un recorrido lineal donde se pueden encontrar tridimensionales alusiones a personajes y reconocimientos a instituciones desde este lenguaje volumétrico. De todos ellos quiero destacar el memorial de las victimas desaparecidas y ejecutadas por la dictadura.

La escultura “Monumento a los Detenidos Desaparecidos y Ejecutados Políticos durante la Dictadura Militar, 11 septiembre 1973-10 marzo 1990”; es una gran ola marina formada por 86 láminas de metal que pretende devolver a sus familias y a la justicia los cuerpos de los ejecutados junto al mar por otros porteños de uniforme.

El mar significa entonces un elemento unitario al momento de leer esta escultura.

El mar en este caso, constituye una suerte de Campo Santo para los cuerpos que se quedaron sin retornar a tierra firme. En contextualización funera quedará para siempre en evidencia la responsabilidad de la Armada de Chile a través de cientos de casos de violaciones a los derechos humanos ocurridos sistemáticamente en La Esmeralda (que todavía navega por las aguas de la impunidad), como también en el Lebu y el Maipo, naves de la Sudamericana de Vapores, propiedad del recientemente fallecido empresario católico Ricardo Claro.

En otro aspecto, será la brisa que llega del mar cargada de sal y humedad la que marcará el paso del tiempo en esta estructura igual como lo hace con el vecino edificio del Duoc generando un dialogo armonioso desde el oxido. Luego de leer la primera docena de los ciento setenta y cinco nombres inscritos en el memorial se puede sentir el olor del mar que revienta a escasas cuadras de allí, eso sí, antes de que el aroma del café salga expulsado por la chimenea de la esquina contraria inundando apetitosamente todo el sector.

Y cuando todos pensábamos que la más brutal practica asesina quedaría en el historial sicótico golpista, en 1987 terminan lanzados al mar cinco jóvenes, dos de ellos habitantes de los populares cerros Playa Ancha y Dieciocho.


Otro elemento que destaco en esta escultura es que posee una disposición horizontal a diferencia de la vertical de la mayoría de los otros monumentos y torsos que se emplazan a lo largo de la Avenida Brasil entre palmeras, perros vagos con amos eventuales también vagos, que convierten los escaños parejeros en dormitorios transitorios para pasar la noche ermitaña.

La verticalidad tiene por lo general la pretensión de proyectar el concepto o personaje hasta el punto de llegar a tocar el cielo con las manos, en cambio la horizontabilidad de esta escultura la deja absolutamente a escala humana, con los pies en la tierra, bien puestos en este pedazo de tierra porteña, lugar de donde nunca debieron ser sacados estos 175 hombres y mujeres que aquí son recordados.

Jaime Garnham

martes, 18 de noviembre de 2008

EL ULTIMO AFICHE DE GONZALO MUÑOZ

El 22 de noviembre se realiza en el Cementerio 3 de Playa Ancha la actividad en homenaje a Gonzalo Muñoz tras 23 años de su asesinato en la Cárcel Pública de Valparaíso, hoy Parque Cultural ex-Cárcel.
En los preparativos de ésta, me resulta algo extraña una constatación etárea. Comentaba hace muy poco en un grupo de amigos que pareciera que esos ochenteros años estuvieran a la vuelta de la esquina y no es así. Hay veces que me cuesta relacionar la data de estos terribles y penosos sucesos con, por ejemplo, el paralelo escenario desde la primera vez que vi a mi hija Lirayen. Y digo paralelo porque justo, por el otro riel y por el del lado, corren juntos la rabiosa memoria a parejas con la vida en pleno vigor de nuestros hijos que aprendieron a caminar hace un poco más de veinte años.

1. Los Ocupantes
Hace poco tiempo atrás fuimos citados a una reunión de organizaciones sociales porteñas (ciudadanas se llaman algunas) para coordinar acciones en defensa y de consulta sobre posiciones referidas al caso de la ex-cárcel. Todos allí se denominaban ocupantes, es decir, que de alguna u otra manera ejercían el uso de esos añosos metros cuadrados, implementando en el carcelario recinto prácticas artísticas de todo tipo, explicando cada uno de ellos las mejores cualidades, las más masivas unas, las más legítimas otras, o las de mayor contenido de arte popular antisistémico las más under.
Cuando se acerca mi turno en la ronda de opiniones, me recuerdo de la reunión partidaria ochentera haciendo uso cronométrico de ese instrumento democrático diseñado para opinar sobre lo que ya estaba sancionado. Y cuando todos me escuchan, sólo atino a expresar que nosotros, la organización que tratamos de conformar hoy, nunca nos preocupamos ni nos propusimos materializar nuestra presencia en este recinto, creo que debido a la carga sentimental que este enrejado espacio contiene, que aplasta el pecho y la memoria a tal punto que hace saltar las lágrimas. Digo: nosotros no somos ocupantes del parque cultural pero nuestros compañeros presos políticos si lo fueron y particularmente Gonzalo, que es quien nos convoca a seguir trabajando juntos aunque resulte difícil (o terapéutico).


2. El ultimo afiche
Como en otras ocasiones, me corresponde trabajar en el dato escenográfico del acto. Anteriormente me había tocado compartir esta pega con Pajarito, el incansable muralista porteño, abordando la matanza obrera de la Escuela Santa María de Iquique. Ahí se trataba de trabajar el cambio de nombre a la calle Pedro Montt por la responsabilidad que a nuestro entender le cabe al oligarca presidente en nuestro pictórico juicio histórico.
Ahora me enfrento a un proyecto especial, no menor, ya que resulta mas cercano y sensible. Pero en mi caso, este tratamiento visual de memoria me resulta como la visualización de una imagen difusa. Me pasa como a los niños que de tanto relato y citas fotográficas de los otros asumen como propios los recuerdos del abuelo ausente desde la primera infancia. Yo no conocí a Gonzalo ni el a mi (nos presentaron sólo una vez en la controlada visita PP). La cruda realidad es que yo tuve mas tiempo que él como para enmendar y emprender en lo que pudo haber sido una amistad como la que mantengo con mis cuarentones amigos del colectivo 19 de noviembre.

Pero frente a mi existe un afiche impreso en serigrafía, a mano, que ya ha perdido ese inconfundible olor oleográfico. Si fuera el único que se conserva, conforma una verdadera pieza museografía. Es una contundente mancha roja, impresa con rabia y pena donde se poetiza con un texto casi ilegible también rabioso. Y sobre el color, el rostro colegial de Gonzalo que todavía no evidencia la dureza de los golpes tras conocer la realidad de la dictadura en el cuerpo. Ese rostro que apenas recuerdo.
Jaime Garnham

lunes, 10 de noviembre de 2008

AFICHE DE UNA CARRERA PORTUARIA

La tercera Media Maratón del Puerto de Valparaíso, realizada a fines de septiembre y donde aparecen siglas convocantes como TPS, EPV, Puerto Barón entre otras; me llama la atención a través de un afiche todavía pegado en el parabrisas trasero de una micro (aunque ya estemos en noviembre). Antes me había quedado con esta imagen promocional ampliada en gigantografía sólo a través de una observación rápida y sin mayor detención, producto de la saturación visual de la ciudad causada por cientos de rostros impresos en campaña a cinco mil pesos el metro cuadrado. Era una gigantografía instalada en terreno portuario; un panel de proporciones que siempre se usa como experimento subliminal para difundir las bondades del proyecto Borde Costero.

Esta imagen corporativa muestra a un personaje en plena acción deportiva, dejando atrás de su atlética carrera, una reconocible fachada de postal porteña. Ciertamente, es una fachada de la arquitectura del paisaje patrimonial, un reflejo del habitar burgués de tiempos del esplendor, una arquitectura que interesa mostrar y rehabilitar. Es la que recorren los gringos embetunados en bloqueador solar, reconociendo talvez con algo de decepción que en sus países se encuentran los originales.

Aquí no se muestra la arquitectura popular, esa que se hace de apoco, a pulso, con materiales sobrantes de proyectos anteriores o restos provenientes de la solidaridad cachurera siempre bien recibidos ya que en algún momento pueden servir para algo.
Estos conchos y recortes hacen que el paisaje urbano de la Avenida Alemania para arriba parezca un mosaico ordenadamente descontrolado en cuanto a formas y colores. Hay volúmenes construidos indiscriminadamente con internit, cinc y maderas; una mezcla de soluciones económicas donde muy bien la Martelina oculta la procedencia sucedánea de materiales que con esfuerzo y dignidad dibujan estas hogareñas estructuras populares.

Los colores pueden encontrarse sin consulta al Pantone, da lo mismo. Aquí lo importante es tener la posibilidad, en algún momento, de aplicar una manito de gato. No son como los colores en el afiche que comento, donde se utiliza una paleta cromática tan ajena a la tradicional (o más bien verdaderamente patrimonial) brocha gorda porteña de los padres o abuelos.

En otra dirección, no tengo idea del nombre del atleta que ganó la competencia. Debe ser un marino de esos que se la pasan corriendo todo el día por la costanera entre Las Torpederas y la Caleta El Membrillo (¿en qué trabajaran estas personas que tienen tanto tiempo disponible para trotar por la orilla playanchina?). Más bien se puede identificar a los que perdieron.

Perdimos en realidad los trabajadores portuarios y los porteños que nos oponemos a la transformación del borde costero en una planicie costera de especulación inmobiliaria, con mall y comida chatarra incluida. Convocados estamos a ver cuando firman la aprobación las nuevas autoridades edilicias.