lunes, 10 de noviembre de 2008

AFICHE DE UNA CARRERA PORTUARIA

La tercera Media Maratón del Puerto de Valparaíso, realizada a fines de septiembre y donde aparecen siglas convocantes como TPS, EPV, Puerto Barón entre otras; me llama la atención a través de un afiche todavía pegado en el parabrisas trasero de una micro (aunque ya estemos en noviembre). Antes me había quedado con esta imagen promocional ampliada en gigantografía sólo a través de una observación rápida y sin mayor detención, producto de la saturación visual de la ciudad causada por cientos de rostros impresos en campaña a cinco mil pesos el metro cuadrado. Era una gigantografía instalada en terreno portuario; un panel de proporciones que siempre se usa como experimento subliminal para difundir las bondades del proyecto Borde Costero.

Esta imagen corporativa muestra a un personaje en plena acción deportiva, dejando atrás de su atlética carrera, una reconocible fachada de postal porteña. Ciertamente, es una fachada de la arquitectura del paisaje patrimonial, un reflejo del habitar burgués de tiempos del esplendor, una arquitectura que interesa mostrar y rehabilitar. Es la que recorren los gringos embetunados en bloqueador solar, reconociendo talvez con algo de decepción que en sus países se encuentran los originales.

Aquí no se muestra la arquitectura popular, esa que se hace de apoco, a pulso, con materiales sobrantes de proyectos anteriores o restos provenientes de la solidaridad cachurera siempre bien recibidos ya que en algún momento pueden servir para algo.
Estos conchos y recortes hacen que el paisaje urbano de la Avenida Alemania para arriba parezca un mosaico ordenadamente descontrolado en cuanto a formas y colores. Hay volúmenes construidos indiscriminadamente con internit, cinc y maderas; una mezcla de soluciones económicas donde muy bien la Martelina oculta la procedencia sucedánea de materiales que con esfuerzo y dignidad dibujan estas hogareñas estructuras populares.

Los colores pueden encontrarse sin consulta al Pantone, da lo mismo. Aquí lo importante es tener la posibilidad, en algún momento, de aplicar una manito de gato. No son como los colores en el afiche que comento, donde se utiliza una paleta cromática tan ajena a la tradicional (o más bien verdaderamente patrimonial) brocha gorda porteña de los padres o abuelos.

En otra dirección, no tengo idea del nombre del atleta que ganó la competencia. Debe ser un marino de esos que se la pasan corriendo todo el día por la costanera entre Las Torpederas y la Caleta El Membrillo (¿en qué trabajaran estas personas que tienen tanto tiempo disponible para trotar por la orilla playanchina?). Más bien se puede identificar a los que perdieron.

Perdimos en realidad los trabajadores portuarios y los porteños que nos oponemos a la transformación del borde costero en una planicie costera de especulación inmobiliaria, con mall y comida chatarra incluida. Convocados estamos a ver cuando firman la aprobación las nuevas autoridades edilicias.

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